Inocente Fuego | Completa

 

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Capítulo 1

El matrimonio de los Darleston iba cada vez peor. Él era un despreocupado con ella y, ella era lo contrario a él, se preocupaba tanto, que era agobiante y celosa por demás. Al punto que él abandonara la casa, por su total apego a él, que ni siquiera lo dejaba respirar.

Fiore, que así se llamaba la joven, estaba tan desesperada que no sabía dónde encontrar a su marido, la había abandonado y, entendía que se lo merecía, por ser tan fastidiosa y celosa con él, lo amaba con locura, pero siempre le surgían los celos tan enfermizos, solo por creer que desde siempre la engañaba.

Llamaba con desespero a su teléfono móvil, pero él le había bloqueado las llamadas, ni siquiera le respondía los mensajes de texto porque lo tenía apagado. Solamente se le ocurrió llamar al único amigo que tenía su marido. Y esperaba que la atendiera.

—¿Owen?

—Sí, Fiore, ¿cómo estás?

—Bien, ¿y tú?

—Bien, ¿qué necesitas?

—¿Tienes idea dónde está Rhys? Verás, se ha ido de casa y, no me ha devuelto las llamadas ni los mensajes, estoy desesperada, no sé dónde encontrarlo.

—Fiore... si se ha ido Rhys, ha sido por algo.

—Lo sé y sé que merezco este abandono, pero lo amo.

—Mira, seré muy sincero contigo, si no cambias de carácter jamás volverá Rhys contigo, conozco a mi mejor amigo, y cuando hace algo, lo mantiene hasta que no ve un cambio.

—Por favor necesito saber dónde está.

—Sé que luego de esto me matará, anota la dirección.

Apenas colgó el teléfono dándole las gracias, llamó a una agencia de taxis y en cuanto llegó el auto, tomó cartera, abrigo y llaves y, se fue de la casa hacia la dirección que le había dado Owen.

Llegó al hotel lo más rápido que pudo el conductor del taxi, preguntó por el hombre registrado en el cuarto, que era su marido y enseguida el conserje del hotel le dió el número de habitación.

Subió con el elevador al piso dado y apenas salió, caminó hacia el número indicado. Con muchos nervios, se mentalizó de estar tranquila y no armar una escena por haberse ido de la casa, respiró hondo varias veces, y luego golpeó a la puerta y enseguida le abrieron.

Juntó las manos sujetando las manijas de su cartera y solamente se miraron a los ojos, ella no quería que él la gritara por haberse presentado allí y, buscarlo, o volver a armarle una nueva escena de celos como siempre se las armaba, solamente había ido para hablar con él civilizadamente y hablar de todo lo que realmente mantenían dentro cada uno de ellos por vergüenza o, simplemente por pensar que a ninguno de los dos le importaba el otro.

—¿Qué haces aquí, Fiore?

—Solo vine a ver cómo estabas. Owen me ha dado la dirección.

—Debí de suponerlo.

—Por favor, no te enojes con él.

—Ya me has visto, estoy bien.

—¿Podemos hablar?

—¿Para qué? No volveré contigo.

—Me merezco que no vuelvas conmigo, pero por favor, quiero que hablemos.

—Yo no tengo ganas de hablar contigo. Porque sé que comenzará todo otra vez, siempre ha sido igual, primero tú te pones como víctima, luego me culpas por algo que jamás hice y todo termina en gritos, sobre todo por tu parte. Y francamente, estoy cansado de toda esa basura tuya. Siempre será igual, jamás cambiarás. Ya te sale a la perfección todo ese teatro que armas, tu egoísmo, tu manipulación y, tu carácter de frívola es natural. Y lo peor son tus celos enfermizos. Tu nombre no se asemeja ni siquiera de lejos a lo que eres realmente —le dijo enojado y molesto y, ella solamente se quedó callada escuchándolo, porque verdaderamente tenía toda la razón.

—Soy todo eso y más, solamente por miedo, pero no soy tan mala como crees que soy, me convertí en una celosa solo porque comencé a sospechar de ti.

—No me vengas ahora con esas estupideces tuyas.

—Me he equivocado y mucho, solo te pido que me perdones.

—Entra, antes que comiences a gritarme como una desquiciada —le dijo y ella pasó al interior de la suite.

—Sé que no tengo tu perdón, pero solo me gustaría hablar contigo.

—Es lo que estamos haciendo ahora. Hablar.

—Nuestro matrimonio al principio fue normal y bonito, creo que como todos los demás. Pero con el tiempo, te volviste demasiado distante conmigo —le respondió ella sujetando contra su cuerpo la cartera.

—Y tú empezaste a ser una pesada y fastidiosa, me celabas por cualquier cosa y, no lo toleraba, no lo sigo tolerando, comenzaste a gritarme, planteándome escenas ridículas y te volviste cada vez más fría. Manipuladora, calculadora y frívola, en esas cosas te convertiste.

—Tienes razón, pero tú tampoco te esforzaste por aclararme las cosas.

—Era una pérdida de tiempo hacer eso. Porque jamás me lo ibas a creer.

—Eso es mentira, te creía todas las cosas que me decías.

—No me mientas, Fiore, jamás creíste nada de lo que te decía. Pero lo peor fue que ni siquiera te inmutabas cuando teníamos relaciones —le expresó con sinceridad y ella se avergonzó con lo dicho por su marido—. Nunca hubo palabras, ni gemidos, ni caricias, ni nada, solo te quedabas estática y yo debía encargarme del resto, ni siquiera sabía si te gustaba o no.

—Sí, me gustaba.

—¡¿Entonces por qué mierda te quedabas quieta?! —le gritó furioso y ella dio un paso atrás chocando contra la pared de la habitación—. Mira —le dijo apretándose el puente de su nariz y volviendo a mirarla—, será mejor que te vayas de aquí. Mi día fue fatal y tú me lo terminaste jodiendo —le contestó, ella abrió los ojos sorprendiéndose, pero sabía lo que realmente él sentía con todo aquello.

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Capítulo 2

Le abrió la puerta, invitándola a salir del cuarto. Fiore caminó sin decirle una palabra fuera de la suite y, al girarse para decirle unas palabras, él ya había cerrado la puerta.

—Lo siento, lo siento de veras, Rhys, perdóname —fue lo que le dijo con su voz quebrada y terminó bajando hacia el lobby del hotel.

Salió del hotel sin ser vista por el conserje y llegó a la entrada del hotel en donde vió un cielo de color rosa, la lluvia se estaba aproximando y no le cabían dudas que pronto estaría lloviendo. Caminó por la acera casi desierta y, el cielo abrió su cortina de lluvia al instante, llevó su cartera a la cabeza para protegerse del agua y tropezó por un escombro frente a ella que no había visto, cayendo contra la acera mojada. Se raspó un poco las rodillas, pero alguien más estaba a su lado ayudándola a levantarse.

—Gracias —le contestó limpiándose las rodillas.

—Será mejor que entres —le dijo y ella recién levantó la vista.

—No, solo me he tropezado y caminaré hasta la parada de taxis, no está muy lejos de aquí.

—Llueve a cántaros y no creo que ningún taxista te lleve en este horario.

Sin más peros por la parte de ella, dejó que la entrara nuevamente al hotel y luego subieron otra vez a la suite que él había reservado.

Una vez que cerró la puerta, él trajo toallas del baño hacia el cuarto, colocando una en el piso.

—Descálzate y párate en la tolla. Quítate la ropa y vete a duchar.

—Estoy bien, cuando cese la lluvia me iré, no tienes que hacer esto —le dijo tomando una toalla en sus manos y humedeciéndose el cabello.

—Te callas, harás lo que yo te diga y se acabó —le contestó y miró hacia sus rodillas—. Mira cómo tienes la rodilla derecha, es terrible el golpe que te diste.

—No es nada, es solo un golpe.

—Te la lastimaste porque sangra —le dijo y volvió a entrar al baño—, he conseguido alcohol y gasas —le volvió a decir y se puso de rodillas frente a ella y comenzó a curarle la herida.

—Arde mucho.

Se sorprendió al verlo allí tan concentrado, dispuesto a curarle la herida torpe que se había hecho al tropezar y caerse. La delicadeza con la que la curaba no se comparaba a lo que minutos antes habían estado haciendo y, eso había sido discutir acaloradamente. Más bien él, le gritó un par de veces en busca de respuestas que ella tenía miedo en decirle. Solo por vergüenza.

—Listo, ahora ve a ducharte. Y no volveré a repetírtelo.

—De acuerdo. Gracias.

—Ve, Fiore.

Fiore entró al baño cerrando la puerta luego, se desvistió y abrió los grifos para graduar el agua. Se metió luego de sentirla templada, se duchó con parsimonia total. Disfrutando el agua que caía por su cuerpo, el agua al contacto con la herida, le daba pinchazos, pero lo soportó. Se la desinfectó con esmero de todas maneras, aunque su marido ya le había pasado alcohol.

Mientras tanto, dentro del cuarto, Rhys llamaba a Owen.

—¿Qué pasó amigo? ¿Ha ido la manipuladora de tu mujercita?

—A ti luego te mataré con gusto, querido amigo, sí, está en la ducha.

—¿Hubo gritos y peleas? Estoy seguro que se amortiguaron por los truenos que hay —le dijo bromeando.

—No, no hubo nada, yo fui el que se enfureció con ella. Ella simplemente se quedó estática sin levantarme la voz.

—¿Y ese cambio en ella?

—No lo sé, Fiore es manipuladora y celosa y, sé que calcula todo lo que hace, especialmente conmigo y, sobre todo, frívola como ninguna. Es como si no tuviera sentimientos y lo que más me molesta es que sea tan absorbente conmigo, que me arme ridículas escenas de celos, unos celos que no tendría por qué tenerlos ya que no hay nada entre las mujeres que conozco.

—Fiore, es una pequeña arpía.

—Tú lo dijiste, se volvió una arpía. Una pequeña arpía.

La joven había escuchado toda la conversación estando escondida detrás de la pared que daba a la recámara del baño, ya que él estaba en la sala. Volvió al baño y cerró la puerta sin el mínimo ruido, se sentó en el inodoro cuando bajó la tapa y no pudo retener por más tiempo las lágrimas que pugnaban por salir. Había creado todo aquello, todo lo que él pensaba de ella y mucho más, con el tiempo terminó siendo lo que él había dicho, una arpía.

—Fiore ¿estás bien? —le preguntó tocando a la puerta.

—Sí —le dijo levantándose y secando sus lágrimas—, estoy colgando la ropa mojada en el caño de la cortina del baño.

—¿Por qué no me la das, así la llevan a la lavandería?

—No, es solo agua.

—Ok, cómo quieras.

—Oh, bueno, está bien. Te la daré para que la lleven a secar. Gracias.

Ella salió luego del baño y caminó hacia la sala, viendo una mesa preparada para la cena.

—¿Vienes a comer algo?

—¿Has pedido para mí también? —le preguntó sorprendida.

—Sí, ya que estás aquí, algo tienes que comer.

Ella se sentó frente a él y cuando lo vió comer, ella hizo lo mismo. Tanto él como ella parecía que habían cesado de discutir y gritarse, se habían calmado y, al parecer comprendieron ambos que podían convivir tranquilamente sin discusiones, pero las cosas tenían que aclararse mejor, si querían salvar el matrimonio.

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Capítulo 3

A Fiore le estaba molestando por dentro algo desde hacía tiempo atrás, quizá desde el día en que se había casado con él.

—El día que me casé contigo, mamá me habló un poco sobre lo que debía esperar mi marido de mí, en la noche de bodas. Si bien, en la secundaria estaba bien enterada de todo eso de las relaciones sexuales, mi madre me dijo que era algo sumamente doloroso y que la mujer solo yacía en la cama sin moverse y, sin participar de nada, me dijo que su experiencia fue perturbadora para ella, porque le dolió mucho y jamás disfrutó de esas cosas, para ella era algo tedioso tener sexo y con mi padre nunca lo disfrutó, me decía que era una pérdida de tiempo, que el único que disfrutaba era el hombre, me decía también que solamente las rameras gimen, gritan y participan del acto y que una dama no hace ese tipo de cosas.

—Que las relaciones sexuales de tus padres hayan sido un fracaso, no quiere decir que las tuyas sean iguales. Diría que tu madre es una anticuada por pensar cómo piensa sobre el sexo.

—Cuando me contó esas cosas momentos antes de casarme, comprendí que no fui concebida por amor, sino por un acto fallido. Supongo que por saber que mi madre piensa así sobre las relaciones sexuales, yo terminé siendo así también, como todo lo que me dijiste. Esto jamás se lo dije a alguien y que te lo cuente a ti, para mí es un gran avance. Porque nunca reconocí mis errores, ni jamás fui tan abierta como lo estoy siendo ahora mismo. Una parte de mí cada vez que teníamos relaciones quería revelarse, pero la otra parte racional me decía que permanezca en la cama como una dama.

—A mí me parecías una muñeca, por lo estática que estabas.

—Lo sé, es obvio que sí. Desde el día en que te fuiste de la casa, entendí por qué te marchaste y caí en la cuenta que la única culpable era solamente yo, tú te fuiste alejando más de mí porque yo no te demostraba nada en la cama y luego comencé a crearme cosas en mi mente que no eran reales, como los celos porque tenía grandes sospechas que me engañabas con una o más mujeres, cuando en verdad dejaste de mantener relaciones conmigo solo por saber que no ibas a obtener nada a cambio de mi parte dentro de la cama.

Tocaron a la puerta y Rhys se levantó de la silla para preguntar quién era y luego abrirle a la señora de la lavandería.

—Muchas gracias.

—De nada señor, buenas noches —le dijo amable y él cerró la puerta nuevamente.

—Te han traído la ropa.

—Qué rápido —le comentó casi en un susurro, y se levantó de la silla—, iré a vestirme.

—Sigue lloviendo fuerte.

—No importa, ésta vez llamaré antes a un taxi —le dijo sonriendo, sonrisa que él no devolvió.

—Insisto. Y no creo que tu ropa interior se haya secado todavía.

—Puedo darle un golpe de calor con el secador de pelo.

—Terminas de comer y te acuestas.

—Está bien.

Fiore, aceptó lo que su marido le había dicho sin ninguna queja por su parte y una vez que terminó de cenar, se metió en la cama matrimonial, deseándole buenas noches. Él, por su parte, se quedó en vela toda la noche o, parte de la misma. No quería meterse en la cama junto con ella, no quería ser débil como las demás veces sin recibir nada a cambio, sin siquiera recibir caricias o palabras o, bien un suspiro o gemido de placer por parte de su esposa. Pero si él también quería salvar su matrimonio y quedarse junto con ella, entonces tenía que ponerla a prueba.

Habían pasado nada más que tres horas desde que se había quedado dormida por completo, lo último que había visto antes de dormirse fueron los fríos ojos de su marido, que la atravesaban como lanzas en busca de batalla y rencor.

Se dio la vuelta y abrió los ojos hacia el lado contrario, los abrió más, porque no lo vió a su lado durmiendo. Se sentó en la cama y giró la cabeza. Y allí mismo lo tenía, sentado en una de las sillas, mirándola impenetrable.

—¿Qué haces despierto a ésta hora?

—Te miraba dormir. Y me decía a mí mismo: ¿Cómo una mujer tan hermosa podía ser tan buena y pacífica durmiendo y despierta es tan mala, calculadora, celosa y manipuladora?

—Puedo ser todo lo que me has dicho, pero no soy mala.

—Me has hecho la vida de cuadritos, Fiore. Lo entiendes ¿no?

—Sí, lo entiendo —le dijo apenada, escondiendo la mitad de su rostro en la manga de la bata—. No se me da para nada bien esto de charlar y me costó horrores tener que confesarte esas cosas en la cena, no he sido abierta en ningún aspecto.

—Ya veo que no lo has sido, en ningún aspecto y con el tiempo esperaba que lo fueras, pero me desilusioné.

—Para mi madre el sexo no es algo primordial en su vida matrimonial, no le ve nada bueno, ni mucho menos satisfactorio, no para la mujer, si no, para el hombre en sí.

—Tu madre es una imbécil, lo lamento por si te ofendes, pero es la verdad, tu madrees una estúpida, que las relaciones con tu padre y ella hayan sido sin sentimientos o, que para ella hayan sido o sigan siendo insípidas no quiere decir que las tuyas tengan que ser iguales, nadie sabrá si lo disfrutas o no, ano ser que vayas como una tonta y se lo cuentes, porque si es así, es obvio que te dirá que solamente las rameras lo disfrutan. Sinceramente, creo que tu madre es una frígida —le respondió y la joven mujer lo miró abriendo los ojos como platos—. No me mires así, es la verdad.

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Capítulo 4

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Capítulo 5

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